• Yubia Valette

La sombra. Sobre el lugar a donde nadie quiere ir solo.!



“Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”

-Carl Jung-

El arquetipo de la sombra representa, según la psicología analítica de Carl Jung, el “lado oscuro” de nuestra personalidad. Se trata de un submundo convulso de nuestra psique donde se contiene lo más primitivo, los egoísmos más afilados, los instintos más reprimidos y ese “yo desautorizado” que la mente consciente rechaza y que sumergimos en los abismos más profundos de nuestro ser.


La “sombra” fue un término que Jung tomó de Friedrich Nietzsche.

  • Esta idea representaba la personalidad oculta que tiene toda persona. A simple vista la mayoría de nosotros aparentamos (y nos percibimos) como seres buenos y nobles. Sin embargo, en nuestro interior hay ciertas dimensiones reprimidas, instintos heredados donde a veces se esconde la violencia, la rabia, el odio…

  • El arquetipo de sombra no habita únicamente en cada persona. En ocasiones, también está presente en “grupos de personas”, en sectas, en algunos tipos de religiones o incluso en partidos políticos. Son organizaciones que pueden en un momento dado, sacar su sombra a la luz para justificar actos violentos contra la propia humanidad.

  • La sombra es más destructiva, insidiosa y peligrosa cuando más la “reprimimos”. Es entonces cuando “se proyecta” apareciendo así, y según Carl Jung, perturbaciones como la neurosis o la psicosis.

  • Asimismo, Jung diferenció en su arquetipo de la sombra dos tipologías. La primera es la sombra personal, la que llevamos todos con nuestras pequeñas frustraciones, miedos, egoísmos y dinámicas negativas más comunes. Sin embargo, también estaría la sombra impersonal, esa que contendría la esencia de la maldad más arquetípica, la que acompaña a los genocidas, asesinos despiadados, etc.


El proceso de individuación, desde la perspectiva junguiana, transcurre a lo largo de una serie de cuatro fases a través de las cuales el sujeto va primero complementando sus aspectos conscientes e inconscientes y poco a poco irá integrando los opuestos (persona y sombra, consciente e inconsciente...) hasta conseguir llegar a la mismidad de la persona: es decir a ser uno mismo, un individuo totalmente integrado.

Si bien en principio son cuatro, existen numerosas interpretaciones y maneras de dividirlas incluso dentro de la teoría junguiana, pero en todas ellas se tienen en cuenta las siguientes (incluyendo en este caso una quinta, que sería la finalización del proceso).

1. Despojarse de uno mismo y primer acercamiento al inconsciente

El inicio del proceso de individuación se da en el momento en que empieza a aparecer la conciencia de que la propia conciencia no es la totalidad del ser. Se empieza a ser consciente de la existencia de impulsos, de deseos y de contenido psíquico no expresado ni directamente observable. El sujeto se da cuenta de que existe una gran parte de sí que ha sido ignorada por sí mismo y va a intentar empezar a aproximarse a su comprensión, dado que ha llegado un momento en que su desarrollo le ha hecho ver dicha necesidad.


2. Encuentro con la sombra

Nacida la conciencia de que existe algo más en el propio ser, lo primero que se detecta es que existe no solo una parte consciente sino también un inconsciente y un conjunto de aspectos que negamos al considerarlas negativas (y que además solemos proyectar en los demás como mecanismo de compensación): en otras palabras, empezamos a ser conscientes de la existencia de la dualidad persona (de lo que somos conscientes y que nos hace sentir seres individuales que se relacionan con el mundo exterior) y sombra (la parte oculta e inconsciente de la persona)

Una vez se empieza a ser consciente de la existencia de la sombra, va a hacer falta empezar a valorarla sin juzgarla: nuestros deseos e impulsos inconscientes tienen un gran valor pese a que algunos sean socialmente mal vistos. Se trata de integrar los elementos negados y de la propia personalidad. No se trata de ceder a los impulsos (de hecho, la represión es vista por Jung como algo que en cierto modo permite el nacimiento de la conciencia), pero sí de aceptar la sombra como parte de nuestra naturaleza.

Una vez se empieza a ser consciente de la existencia de la sombra, va a hacer falta empezar a valorarla sin juzgarla: nuestros deseos e impulsos inconscientes tienen un gran valor pese a que algunos sean socialmente mal vistos. Se trata de integrar los elementos negados y de la propia personalidad. No se trata de ceder a los impulsos (de hecho, la represión es vista por Jung como algo que en cierto modo permite el nacimiento de la conciencia), pero sí de aceptar la sombra como parte de nuestra naturaleza.

3. Encuentro con el ánima/animus

El tercer gran paso del proceso de individuación se da en relación a los arquetipos sexuales. Hasta el momento el niño ha ido integrando aspectos propios, pero ahora deberá empezar a integrar elementos arquetípicos, provenientes de la herencia cultural, que forman parte de su personalidad y de la colectividad y que hasta entonces habían sido negados por la persona. Concretamente en esta etapa el sujeto empieza a integrar la polaridad masculino/femenino.

Este proceso implica la de integrar al propio ser, además del arquetipo identificado con el propio sexo, la parte de su ser tradicionalmente identificada con el sexo contrario, apareciendo una vinculación con ella. Es decir el hombre debe integrar el arquetipo ánima o femenino (que se corresponde con elementos como la sensibilidad, el afecto y la expresión emocional) mientras que la mujer lo hace con el animus o arquetipo masculino (relacionado al vigor y la vitalidad, la fuerza, la razón y la sabiduría). Se trata de integrar en su totalidad el arquetipo sexual, tanto logos como eros, haciendo que medien y siendo fuente de la creatividad y la inspiración.

4. La integración del arquetipo luz

Una vez hecho lo anterior empiezan a alumbrarse las zonas oscuras y desconocidas de nuestra psique, algo que amplia nuestra consciencia de nosotros mismos en gran medida y que puede generar sensación de omnipotencia narcisista que nos hacen creer superiores. Pero el efecto de la realidad haciéndonos ver que nuestras capacidades no son tan extremas hace que “se nos bajen los humos”, devolviéndonos la humilidad. En este momento aparece la sabiduría y el descubrimiento, simbolizadas con el mago o el sabio que da sentido a lo desconocido, explorando y descubriendo el propio ser.

5. El final del proceso de individuación: coincidentia oppositorum

Poco a poco van apareciendo momentos en que el sí mismo aparece, unos momentos en que empieza a existir la comprensión del propio ser. El proceso llega a su culmen cuando se consigue la coincidencia o integración de los opuestos supone la adquisición de la mismidad, el fin del proceso de individuación.

En este momento el conjunto de elementos que conforman la mente se encuentran ya integrados (lo consciente y lo inconsciente, lo individual y lo colectivo, la persona y la sombra...), habiéndose conseguido una psique totalmente integrada. Ya es él mismo, consciente de los diferentes aspectos que forman parte de su ser y capaz de distinguirse y separarse del mundo. El sujeto es un ser completo, individuado y poco a poco cada vez más autónomo (pudiendo incluso formar su propio sistema ético).


Cuentame ahora de ti.... reconoces conocer tu propia sombra? has caminado por el inferno de dante? es un camino hacia la luz.







100 vistas0 comentarios
Yubia Valette - Logo

Reconstructivas   Consteladora   Reconexión  |  Conferencista

+1 (829) 344-1166  WhatsApp

yvalette@yubiavalette.com

Copyright © 2017   |  Yubia Valette©  |  Todos los derechos reservados

Desarrollada por Albania Aybar y Rafael Emilio Genao