• Yubia Valette

Sindrome de Procusto. Sobre cuando no te adaptas a mis tamaños.!


En la mitología griega, Procusto era un posadero que tenía su negocio en las colinas de Ática. Procusto tenía su casa en las colinas, donde ofrecía posada al viajero solitario. Allí lo invitaba a tumbarse en una cama de hierro donde, mientras el viajero dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho.

Si la víctima era alta y su cuerpo era más largo que la cama, procedía a serrar las partes del cuerpo que sobresalían: los pies y las manos o la cabeza. Si, por el contrario, era de menor longitud que la cama, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo. Según otras versiones, nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque Procusto poseía dos, una exageradamente larga y otra exageradamente corta, o bien una de longitud ajustable.

Procusto continuó con su reinado de terror hasta que se encontró con el héroe Teseo, quien invirtió el juego y retó a Procusto a comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama. Cuando el posadero se hubo tumbado, Teseo lo amordazó y ató a la cama y, allí, lo torturó para “ajustarlo” como él hacía a los viajeros,. Le cortó a hachazos los pies y, finalmente, la cabeza. Matar a Procusto fue la última aventura de Teseo en su viaje desde Trecén hasta Atenas.

Así, cuando alguien quiere que todo se ajuste a lo que dice o piensa, lo que quiere es que todos se acuesten en el “lecho de Procusto”. También aquellos que cogen tus sueños y los adaptan a sus limitaciones mentales para decirte que no se puede, que eres un iluso y que nunca alcanzarás lo que te propones.


Aquellos que padecen el Síndrome de Procusto sufren enormemente y se sienten mal cuando otras personas tienen razón y ellos no. Además, por lo general, no son conscientes de lo que les ocurre y puede que incluso piensen que son empáticos.

Habitualmente, tienen miedo de conocer a gente proactiva que goza de éxito profesional o de compartir espacio con compañeros que tienen más conocimientos, iniciativa o capacidades que ellos. De hecho, sienten tal malestar ante estas personas, que enfocan su energía en limitar sus capacidades por temor a que queden en evidencia sus propias carencias.

En este sentido, es común que acaben por intentar sumar apoyos dentro de su equipo para acabar con la gente que tiene verdadera iniciativa, lo que afecta al clima laboral.


Las consecuencias de que cuentes dentro de tu plantilla con personas que padecen el Síndrome de Procusto pueden causar un gran número de problemas. Te los detallamos a continuación:

– Generan un mal ambiente laboral en que reinan el estrés y las tensiones.

– Impiden que se avance y se generen cambios positivos.

– Si ocupan algún puesto de liderazgo, no ayudan a optimizar los equipos de trabajo.

– Anteponen sus prejuicios a su rendimiento.

– Pueden deformar datos o informes para que todo se ajuste a su visión.

– No dejan realizar las tareas a quienes lo hacen mejor que ellos.

Boicotean y humillan a sus compañeros cuando estos sobresalen

– Evalúan a los demás con niveles de exigencia que ellos mismos no alcanzan.

– Prefieren el conformismo y que todo sea uniforme antes que apostar por la excelencia con tal de que nadie destaque por encima de ellos.


Que hacer:

  1. Estar en constante proceso de aprendizaje: observar conscientemente cada situación y cada individuo para determinar su verdadero interés

  2. Informarse con fuentes calaras y válidas y no dejarse llevar por una falsa generosidad o una hipocrita sonrisa

  3. Observar y comparar lo que se dice con lo que se actúa. En ocasiones es común observar que el Procusto dice: “La discusión enriquece”, pero no muestra en sus actuación disposición para hacerlo, o dice: “yo no llevo esto al plano personal, por lo que no habrá consecuencias si no están de acuerdo conmigo” y luego se observa una destitución o retaliación” Ser crítico, y firme, con los argumentos y sólo cambiar de opinión o posición si se reciben respuestas coherentes y veraces

  4. No caer en la tentación de la compra de conciencia, mantenerse respetuoso de sí mismo.

  5. Hacer preguntas, muchas preguntas, hasta encontrar la verdadera respuesta.

  6. No dejarse arrastrar por la cólera de Procusto, mantener la calma, de lo contrario se caerá en su juego macabro.

  7. Alejarse de Procusto, pero no descuidarse cuando ya esté distante.

También mucho ojo con el Terapeuta o Coach con este síndrome, quieren ajustar al consultante a sus juicios. Por lo que es muy importante acercarse siempre a un acompañante que este libre de juicio en su practica profesional.







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